Bienvenida Veep, la fiesta cínica de puterío político
Como bajar del zamba y que la cabeza asuma el movimiento de algo finalizado pero que se va a recordar, con la sensación de que todavía te estás moviendo a esa velocidad. Así corren los créditos de cierre de Veep, la serie que devuelve a la televisión bien hecha a Julia Louis-Dreyfus, como vicepresidenta de Estados Unidos, por HBO (segunda temporada confirmada) y por torrents.
Con el entusiasmo que se le pone a las estrellas de Seinfeld cada vez que vuelven a la tele y dejando el fundamentalismo para los que remiten cada situación de su vida a líneas de la comedia creada por Larry David, el regreso de la querida Elaine es la actuación más satisfactoria después de las aceptables -y reiterativas- Watching Ellie y The New Adventures of Old Christine, formando parte de un acontecimiento tan trascendente como la misma protagonista: Armando Iannucci aterrizando en la TV estadounidense.
Con The Thick of It -hace ocho años, TV inglesa- el escritor/guionista Iannucci pulía un diamante de comedias negras en la vida de los trabajadores de las dependencias gubernamentales, hasta que ganó reconocimiento -nominación al Oscar incluida- en las máximas de la sátira política actual con la dirección de In The Loop (2009), que cuenta las andanzas de un ministro británico boludeado por declaraciones ante una guerra inminente y carancheado desde Washington, película recomendable para amantes de la velocidad rosquera en el detrás de escena.
Ese paso cinematográfico le permitió al escritor escocés el espaldarazo de HBO para interpretar Washington con las herramientas que lo han hecho famoso de verdad (en Hollywood, America) y lo hace con una propuesta desenfrenada y sin desperdicio, con aportes secundarios destinados a la consagración, como ocurre con los asistentes masculinos de la vicepresidenta Selina Meyer.
La frustrada Amy (Anna Chlumsky, la nena de Mi Primer Beso), un jefe de Prensa sin timing, un asistente que tira datos sobre quienes están por estrechar su mano durante cumplimiento ceremonial, un fachero solvente pero trepador, ó Jonah, el cadete presidencial que se mueve como uno más pero siempre destacando un West Wing desopilante, todos arman una media hora selecta, elitista, si se quiere. Es que algunos queremos eso cuando una obra se ajusta a la tarea de pescar golpes bajos, carburación histórica para los chistes, que no sean tags del episodio y chau picho, no. A veces se tiene que soltar el televidente/compuvidente de la masa ordinaria para jugar fuerte en otro ámbito, y este es el caso. Hasta Eva Perón (episodio 1x3) aparece con decodificador chic.
Veep es más para quien disfrutó de dramones políticos como la miniserie State of Play y del cinismo ilustrado de The Office y Extras que para esperanzarse en el estallido de sitcom. Y viene con Elaine como vicepresidenta, más parecida a la que se vio en Curb Your Enthusiasm cuando ficcionaron una posible reunión de seinfelders que a todo lo anterior, y está bien dejar eso atrás, en el siglo pasado.
Una manera acertada de avanzar dentro de la comedia es mostrando otros subgéneros combinando talentos testeados, como los casos de la protagonista estrella y del creador arriesgado. Eso justifica aguantar más allá de un piloto inofensivo y entregarse a la fiesta del puterío político que se deja ver en Veep.
Fuente: nateado.com.ar
Fuente: chromas



